Un detector de humo es un dispositivo diseñado para identificar partículas en suspensión generadas por la combustión. Su funcionamiento se basa en tecnologías sensibles y precisas que permiten detectar un posible incendio incluso en fases iniciales. En este artículo, desde Fuegonor, explicamos cómo detecta el humo un sensor, qué tipo de alerta genera y cómo se comunica con un sistema de protección o evacuación.
El funcionamiento de un detector se basa en la presencia de partículas de humo en una cámara interna. Estas partículas alteran una señal (de luz o de corriente eléctrica), lo que activa automáticamente una alarma acústica o visual. Dependiendo del tipo de sensor, la detección puede variar en velocidad y sensibilidad.
La alarma se activa cuando el sensor detecta una concentración anormal de partículas que interrumpen su equilibrio interno. Cada modelo tiene un umbral calibrado que, al superarse, dispara una señal eléctrica que activa el zumbador o emite una alerta inalámbrica.
Algunos modelos avanzados también registran la densidad del humo y evalúan si es un conato real o una falsa alarma (por ejemplo, vapor de ducha o aerosoles). Esta capacidad mejora la precisión en la activación de alarmas reales.
Existen varios tipos de sensores en detectores de humo, cada uno diseñado para detectar diferentes tipos de incendio: con llama, sin llama, con combustión lenta o rápida. Elegir el sensor adecuado según el entorno puede marcar la diferencia entre una detección eficaz o una falsa alarma.
Los sensores más comunes son:
«Existen diferentes tecnologías que explican los tipos de detectores que hay en el mercado.»
Este tipo de sensor detecta el humo mediante un haz de luz interno. Cuando las partículas de humo entran en la cámara del detector, dispersan la luz, lo que genera una señal que activa la alarma.
Funciona mediante dos placas metálicas cargadas eléctricamente que generan una corriente iónica. Cuando el humo penetra en la cámara, interrumpe el flujo de iones y se activa la alarma.
Son detectores que integran un sensor de humo (óptico o iónico) con un sensor térmico, que mide la temperatura ambiente. La doble detección permite discriminar mejor entre un incendio real y una molestia puntual como el vapor o el polvo.
En zonas como cocinas industriales, talleres o aparcamientos, el humo no siempre indica fuego, pero una subida repentina de temperatura sí. Por eso, los sensores combinados ofrecen mayor precisión y evitan falsas alarmas en entornos con partículas en suspensión constantes.
Aunque por fuera parezca un dispositivo simple, en su interior un detector de humo alberga una sofisticada combinación de sensores, microcontroladores y circuitos eléctricos. Cuando el humo entra en la cámara, se altera la señal interna (luz o corriente iónica) y eso activa una respuesta automática.
A continuación, te explicamos el proceso de forma sencilla:
Todos los detectores necesitan una fuente de energía continua para funcionar correctamente. Esta puede ser una batería interna, una conexión eléctrica fija o ambos (sistemas híbridos). Además, deben permitir realizar test periódicos para asegurar que la alarma se activa correctamente.
La mayoría de detectores incorporan un botón de prueba que activa manualmente el sistema de alarma. Este test no genera humo, pero comprueba que los circuitos están operativos.
Los detectores autónomos suelen utilizar baterías de litio con una duración estimada entre 5 y 10 años. Algunos modelos más económicos usan pilas AA que deben reemplazarse cada 6-12 meses.
Un detector moderno suele emitir un pitido intermitente cuando la batería está baja. Ignorar esta señal puede dejar el sistema inoperativo sin que lo sepas.
Dependiendo del sistema, los detectores pueden trabajar de forma autónoma o como parte de una red conectada con un panel de control central. En ambos casos, al activarse, deben emitir una señal inmediata y fiable.
Los detectores homologados deben responder en menos de 20 segundos tras la detección de humo, y su señal sonora debe superar los 85 dB a 3 metros de distancia.
En sistemas conectados, también pueden enviar alertas a móviles, sirenas exteriores o servicios de emergencia, dependiendo del nivel de integración.
Conocer cómo funciona un detector de humo no solo satisface la curiosidad técnica, sino que es clave para usarlo correctamente, evitar errores de instalación y garantizar su eficacia en caso de emergencia. Muchos fallos se producen por mal uso o ubicación inadecuada.
Un detector bien elegido y correctamente instalado puede reducir en más de un 60 % el riesgo de víctimas en incendios domésticos. Entender cómo trabaja internamente permite también detectar fallos, realizar un mantenimiento más preciso y evitar intervenciones innecesarias.
«Si estás pensando en instalar uno, verifica si es obligatorio por normativa en tu caso.»
En Fuegonor creemos que la prevención empieza por el conocimiento. Saber cómo funciona un detector de humo es el primer paso para usarlo con responsabilidad, colocarlo estratégicamente y realizar un mantenimiento adecuado que garantice su eficacia real.
No se trata solo de instalar un dispositivo, sino de asegurarte de que realmente te protege. Para ello, ofrecemos asesoramiento técnico, instalación certificada y detectores homologados adaptados a cada entorno.